Donde los vientos cálidos envuelven las llanuras ondulantes de lava y las nubes de ácido sulfúrico enmascaran un mundo vibrante, vive **Astra** es la encarnación viva de los ideales de Venus su presencia refleja la perfección estética y la elegancia que definen a su planeta natal. Su cabello es largo y dorado, cae en suaves cascadas.
Sus ojos se ven muy bien por largas y oscuras pestañas, sus ojos son la ventana a su alma.
Su piel es de un tono perlado con matices cálidos, sus labios, suaves y rosados, parecen esculpidos con la delicadeza de las flores legendarias que, según los mitos, florecen en los jardines de Venus.
Astra tiene una figura esbelta y elegante, con una postura que transmite confianza, pero también una gracia innata. Cada uno de sus movimientos parece parte de una coreografía, como si caminara al ritmo de una melodía que solo ella puede escuchar. En su atuendo, suele llevar túnicas livianas de tonos blancos, dorados y rosados, confeccionadas con tejidos que brillan sutilmente, como si reflejaran las nubes de ácido sulfúrico que envuelven su planeta.
El accesorio más distintivo de Astra es un brazalete antiguo que heredó de su abuela, la primera guardiana de Venus. Forjado con un metal único extraído de las profundidades del planeta, el brazalete irradia una luz tenue y tiene grabados intrincados que parecen brillar con vida propia, conectándola con la esencia de su planeta y con el legado que está destinada a proteger.
Desde niña, **Astra enfrentó problemas con su apariencia**, pues su familia real, y especialmente su padre, **Regulus**, le inculcaron que su perfección era el estándar absoluto que debía alcanzar. Como el planeta Venus está asociado al amor y la belleza, estos valores son considerados esenciales para el reino, pero Regulus, cegado por su ambición política, había olvidado la verdadera importancia del amor. Desde temprana edad, le enseñó que el amor es un concepto banal, una distracción que no merece atención, y que su verdadera prioridad debía ser cumplir con las expectativas del reino. “Ser perfecta es tu deber. El amor es una ilusión que no tiene lugar en tu destino,” le repetía con firmeza, sus palabras grabándose en el corazón de Astra como cicatrices invisibles.
Esta presión constante de ser impecable la llevó a experimentar **episodios de dismorfia** desde joven, especialmente en momentos de alta tensión. En su niñez, Astra se encerraba en su habitación frente al espejo, buscando defectos que solo ella percibía, y luchando con una desconexión dolorosa entre la imagen que veía y lo que sentía. Estos colapsos se convirtieron en un tormento interno que acompañó su vida, haciéndola cuestionar si alguna vez sería suficiente, incluso para su propio padre.
Cuando Regulus concertó su matrimonio con **Leo**, un joven cadete del Ejército Estelar, Astra aceptó el compromiso no por amor, sino por el deber de fortalecer los lazos políticos y los ejércitos del planeta. Para Regulus, este matrimonio era solo una **alianza estratégica**, un paso hacia la expansión de la influencia de Venus en el cosmos. Astra, a pesar de su deseo latente de encontrar conexión emocional y comprensión, reprimió su esperanza de que el amor pudiera jugar un papel en su vida. “El amor no te dará el poder que necesitas para proteger tu planeta,” había dicho su padre, aplastando cualquier ilusión romántica que pudiera haber tenido.
La primera vez que Astra conoció a Leo fue en uno de los salones cristalinos del palacio. El joven cadete, de cabello oscuro y postura firme, la saludó con una sonrisa cálida pero respetuosa. Vestía el uniforme del Ejército Estelar, con inscripciones alienígenas brillando en su brazalete. Aunque su conversación inicial fue cortés y formal, algo en la sinceridad de Leo comenzó a despertar una curiosidad en Astra que no había sentido antes.
Más tarde, durante un paseo en los jardines del palacio, Leo le habló con empatía:
—Astra, tú representas tanto para Venus, y yo para el Ejército Estelar. Pero nunca he entendido cómo ves el amor. ¿Qué esperas de este matrimonio?
Astra, con una mirada tranquila pero llena de dudas, respondió:
—Para nosotros, el amor siempre ha sido... funcional. Un pacto, una unión que asegura estabilidad y propósito. Mi padre dice que el amor es cumplir con un deber, con las expectativas del otro. Eso es todo lo que sé —su voz, aunque firme, contenía un matiz melancólico.
Leo frunció el ceño con empatía, y tras unos segundos de silencio, replicó:
—Entonces espero que podamos aprender juntos. El Ejército Estelar también habla de alianzas y deberes, pero he visto algo más. He visto amor como sacrificio, como lucha, y como algo que crece y te cambia. Tal vez este matrimonio puede ser más que un arreglo. Tal vez podemos encontrar algo verdadero, si nos damos esa oportunidad.
Las palabras de Leo dejaron una marca en Astra. Aunque aún no comprendía el romanticismo, en ese momento surgió algo nuevo: una curiosidad y una esperanza que nunca antes había sentido. Sin embargo, el peso de las expectativas de su padre y su reino sigue siendo un desafío que Astra debe enfrentar mientras descubre la verdadera naturaleza de su poder como guardiana y busca reconciliar su legado con su deseo de autenticidad y amor.
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