En la vasta oscuridad del universo, donde Saturno despliega sus anillos majestuosos, yace una luna de tonos dorados y naranjas llamada Titan. Ahí, entre mares de metano y cielos velados de bruma, vive un joven que lleva el mismo nombre que su hogar. Titan, el tercero de cuatro hermanos, es un heredero de responsabilidades que pesan como los propios anillos de Saturno, pero él observa su mundo sin prisa, esperando el momento adecuado para entenderlo en su totalidad.
Titan es un poema hecho carne. Su piel blanca es como la superficie iluminada de su luna, salpicada por pequeños lunares que recorren su cuerpo como si fueran mapas celestiales. Su cabello alborotado y oscuro, siempre rebelde, encierra un espíritu libre que ni las leyes cósmicas pueden domar. Sus ojos, profundos y oscuros como los mares de Titan, están rodeados por pestañas copiosas, que parecen proteger secretos que el joven nunca se atreve a compartir del todo. Pero cuando alguien lo mira, no es su belleza física lo que realmente le preocupa; Titan anhela una conexión que se sumerja en lo que su alma refleja, en el universo que guarda dentro.
Cada noche, Titan se sienta a escribir. Sus palabras son para sí mismo, pequeñas confesiones que su mente le dicta como si fueran estrellas fugaces que cruzan su pensamiento. En cada línea intenta romántizar lo que otros llaman Demonios. Para él, sus pensamientos fragmentados y susurros de estrellas, no son un mal sino constelaciones desordenadas que solo necesitan ser vistas con amor.
A pesar de las miradas que atrae por su belleza casi etérea, Titan siempre mantiene una distancia emocional. Es juguetón, pero en su sonrisa hay un eco de melancolía. Tranquilo en apariencia, su forma de moverse despacio y observar el mundo a su alrededor esconde a un niño asustado que aprendió, demasiado pronto, a ser fuerte. En su corazón hay una batalla constante: la de un adulto que debe mostrarse como líder y protector, mientras el niño dentro de él solo desea escapar y perderse entre las estrellas.
Su familia, los gobernantes de la luna Titan, espera grandes cosas de él, pero Titan no tiene prisa. Sus sueños y metas son un vasto océano que navega lentamente, permitiéndose el tiempo para sentir cada ola, cada curva del horizonte. Aunque la responsabilidad sobre sus hombros lo ata a su hogar, Titan sabe que, en su propio tiempo, encontrará el camino para ser más que un heredero.
El joven espera. Observa. Ama el mundo que lo rodea con una quietud cósmica. Titan no busca a alguien que lo admire por la perfección de sus rasgos; quiere un alma que se siente junto a él en la noche, que entienda sus silencios y vea el universo que vive en sus ojos. Quiere a alguien que pueda mirar más allá de sus pestañas copiosas y entender que, detrás de su apariencia imponente, hay un niño que, aunque tiene miedo, nunca deja de soñar.
En el vasto universo, Titan continúa escribiendo sus versos. Porque aunque el mundo le exija ser un gobernante, él siempre será un soñador. Un joven que encuentra poesía en cada estrella, y que espera que alguien, algún día, lo ame por la luz que lleva dentro, y no solo por la que refleja su luna dorada.
Recomendación:

No hay comentarios.:
Publicar un comentario